domingo, 27 de abril de 2014

¿La Televisión Educa o Deseduca?

¿La Televisión Educa o Deseduca?


La televisión es un agente socializador al igual que la familia, la escuela o la pandilla. Junto a otros medios de comunicación contribuye a modelar la conducta y a la socialización del niño, de forma que puede ser para el desarrollo de éste un freno o una promotora de cambio. Ante esta situación, por tanto, con el fin de fomentar una actitud crítica y activa frente a esta influencia ambiental, deberíamos plantearnos si la televisión educa o deseduca.



Sobre este dilema, existen distintas posturas acerca de la influencia de este medio tan polémico. Algunos autores, como Quintana (1.989), piensan que la televisión es motivo de preocupación y no dudan en achacarle gran parte de los males que se dan en la sociedad (crisis de valores, atrofia de la imaginación, incremento de la delincuencia, agresividad, violencia...). Por el contrario, otros, como Gómez y Domínguez (1.996), consideran que tiene posibilidades educativas y que puede ser un eficaz instrumento contra el deterioro social.

No obstante, también existe otro punto de vista, como el de Murillo (1.996), que no es tan radical como los anteriores, es decir, que no considera que la televisión tenga ni influencia beneficiosa ni perjudicial, sino que simplemente es indiferente. En este sentido, se argumenta que la naturaleza humana tiene un mecanismo o nivel de aceptación que le permite desimplicarse ante lo que este medio de comunicación le transmite.

En nuestra opinión, la televisión será positiva o negativa en función de la coordinación que exista entre los programas que se ofrecen al alumno en la escuela y los que éste puede ver en casa, pues mientras los primeros son escogidos por el docente, los segundos, al ser de carácter variado, pueden contrarrestar las finalidades perseguidas en el aula si no se seleccionan adecuadamente.

Atendiendo a lo anterior, consideramos que sería muy beneficioso que, además del trabajo que los educadores pueden realizar, los padres aprendieran a seleccionar los programas en base al proceso evolutivo de sus hijos, y dispusieran de tiempo para acompañar a éstos en la visión de aquéllos. De lo contrario, puede ocurrir que el niño no desarrolle una capacidad crítica frente a lo que se le ofrece, adoptando una actitud pasiva, es decir, "tragándose" toda la información que le llega.

Sin embargo, una buena coordinación entre estos dos agentes socializadores (familia y escuela) hará posible potenciar las ventajas que puede tener la televisión. Así, por ejemplo, permitirá proporcionar una base común de experiencia a los que observan un programa al mismo tiempo; acercará al niño a otras personas, lugares y acontecimientos que de otro modo serían imposibles de observar; permitirá presentar a los alumnos de forma más atractiva los objetivos educativos de un programa de enseñanza; contribuirá al desarrollo integral y formación de valores de la persona...

Para finalizar, consideramos que, teniendo en cuenta que el interés por la televisión es muy acusado desde los primeros años de vida, es fundamental atender a los programas que se ponen al alcance del niño a partir de esta edad. De esta forma, según lo que visualice, se puede educar, presentando programas educativos con modelos dignos de imitar o, por el contrario, deseducar, exaltando sentimientos violentos y agresivos.